Ángeles habita una casa que ha sido marcada por el paso del
tiempo; su única compañía es un viejo ficus al que le quedan pocas hojas. Esta
mujer hará un tránsito reflexivo acerca de su condición solitaria y la búsqueda
de certezas, evaluando constantemente lo real y lo ficticio, en un viaje que
nos lleva por varios estados íntimos de la vida humana. Temas como el amor, la
muerte, la memoria y el futuro son transitados con ironía y humor, son puestos
en la escena a través de anécdotas que provocan la imaginación del espectador;
son recreados a través de lugares comunes y personajes comunes de la historia,
poniendo en duda la veracidad del pasado y el presente. Ello nos permitirá
plantearnos una pregunta acerca de la experiencia, cuestionarnos sobre la
importancia de la “veracidad” de los hechos y el cómo estos nos construyen en
un presente que parece diluirse, un presente al que solo asiste la soledad.
En esta epifanía desbordada que destruye los límites entre
lo real y lo ficcional Ángeles lograra encontrar una certeza, una certeza que
quizá le permita salir otra vez a la vida.
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